martes, 5 de octubre de 2010

Etérea


Etérea.

Ljubav osvaja sve... (El amor lo vence todo)



Acaricie sus delicadas mejillas previo a besar sus turgentes labios que me invitan al paraíso, mi dulce y tierna Karina no decía nada tan solo cerraba sus parpados y respiraba entrecortadamente, dibujándose en su rostro perfecto un gesto angelical, sereno, lleno de calma y a la vez de pasión desbordante, lentamente mis dientes se prenden de su labio inferior y nuestros jadeos se funden en un solo aliento.

Me embeleso contemplándola así, anhelante y a merced de mis besos, Karina es mi sueño hecho mujer, mi fantasía y mi tierra prometida, recorro una vez más su rostro que he memorizado a cada palmo de su piel, su largo cabello negro que cual olas se va ondulando hasta caer muy cerca de su breve cintura, sus largas pestañas que he contado una por una cuando las abanica coquetamente cuando sus bellísimos ojos negros tienen la gracia de posarse en mi.

¿Cuántas veces mis ojos han recorrido su rostro que adoro?, ¿Cuántas veces me he fundido con su ser? No puedo saberlo, tengo grabado en mi memoria a fuego su nariz recta, sus labios sugerentes y sus tersas mejillas las cuales se tiñen de purpura al calor de mis besos, esa es la única señal de aprobación que obtengo de ella cada vez que nuestras lenguas se entrelazan y que me anima a continuar recorriendo el resto de su hermoso cuerpo.

Karina todavía sin abrir un ojo siquiera se va despojando de sus prendas lentamente, mientras mis manos acarician sus mejillas y terminan peinando su cabello para lentamente con la punta de mis dedos recorrer su nuca y su cuello, antes de que pueda abrazarla por completo ha logrado sacarse su blusa de un celeste muy tenue, sutilmente se desabrocha el sostén y sus bellos pechos caen naturalmente con gracia, sus manos expertas recorren ahora mi espalda buscando el zipper que me liberará del vestido negro entallado que llevo.

Mi amada encuentra su objetivo y comienza a bajar muy lentamente el cierre al mismo tiempo que mi vestido va cayendo al piso mis besos se tornan mas briosos, desbordando la pasión que por ella siento, con cada húmedo y salvaje beso trato siempre de robarle el aliento, con cada muestro de afecto siempre quiero robarle su esencia y demostrarle lo que por ella siento, solamente ya en mi sexy lencería y ella solo con su falda nos fundimos en un interminable abrazo, compartiendo el calor de nuestros cuerpos.

Pasan los minutos transportándonos al cielo, aquel paraíso nuestro donde solo nosotras dos existimos, donde todo lo demás es superfluo, la última prenda que cubría mi cuerpo hace rato que se encuentra depositada en el suelo, sin más que ocultar mis dedos hacen surcos de deseo por todo su cuerpo, ella por fin me mira llena de deseo, me toma de la mano y nuestros cuerpos entrelazados se pierden entres las sabanas de mi lecho…



-Hola mi nombre es Karina, acabo de llegar y creo que soy tu nueva vecina-

-Hola me llamo Liliana, Eeh…sip, al parecer seremos vecinas en esta vieja casona mucho gusto en conocerte y que tengas un día magnifico-

-Uff, es lindo escuchar una voz amistosa vengo de una lejana provincia del sur y no conozco la ciudad, tenía miedo de acercarme a ti se nota que vas de salida, pero mil gracias e igualmente gusto de conocerte, con tu amabilidad y sonrisa me has hecho el día-

Fueron las únicas palabras que Karina y yo intercambiamos el primer día que nos conocimos en aquella vieja casona colonial de apartamentos, yo tampoco era citadina por completo, había llegado hacia 7 años a la ciudad de México a casa de mis abuelos para estudiar una carrera universitaria, provenía de un pueblo en la provincia con férreas y arraigadas costumbres sumamente conservador, el hallarme en una ciudad extraña, sin mis amigas ni conocidos me habían convertido en una chica tímida y solitaria, así a mis 18 años y meses llegaba a instalarme a la capital, la cual se me antojaba monstruosa, vaya locura.

Su llegada era una buena noticia, quizá el lugar se llenara de más vida al tener más inquilinos que albergar, hasta antes de la llegada de Karina, la casona la habitábamos solamente la conserje una anciana de nombre Soledad, recientemente viuda haría unes 4 meses y yo desde hace 4 años, de tal modo que ahora de las 4 habitaciones que poseía estarían ocupadas 3.

Vi alejarse a mi nueva vecina con detenimiento, tendría unos cuantos años menos que yo, era delgada pero con sutiles curvas bien puestas en su lugar, de un rostro impactante por aquellos sorprendentes ojos de un negro enigmático que hacen juego con su hermosa cabellera azabache, de facciones perfectas y rasgos muy finos, como si se tratara de una muñeca de porcelana sensación que cobraba vida al contemplar su piel tan tersa y sorprendentemente blanca.

Poseía unas manos largas como sus brazos y traía las uñas perfectamente pintadas y cuidadas, de su breve cintura sobresalía una cadera lo suficientemente amplia para albergar un trasero muy lindo, redondo y paradito, que lucía más de lo que su volumen presumía por ese par de piernas largas y torneadas las cuales mis ojos no podían dejar de ver.

Sorprendida por mi actitud hacia la recién llegada intente alejarme lo más rápido posible, pero en mi imprudencia deje caer los documentos que llevaba, me agache lentamente a recogerlos para darme un respiro y tranquilizarme, lentamente salí de mi ensoñación recogí mis cosas y baje por la escalera del inmueble con rumbo a mi trabajo, a mis 25 años entonces era una abogada prometedora que trabajaba en un despacho privado que contaba con una generosa cartera de clientes y el cual gozaba de una buena reputación y prestigio, mi trabajo era absorbente y…asfixiante, de hecho no recordaba cuando era la última vez que había salido a pasear por un parque, o ido al cine a ver una película ó…amado a alguien.

Aquel día como nunca Salí muy temprano del trabajo, y volví a mi casa donde no me esperaba nadie como siempre, no podía explicar lo que me sucedía, me sentía agobiada, cansada, la cabeza no dejaba de martirizarme dándome vueltas y no encontraba alivio ni siquiera cerrando los ojos, pues inmediatamente aparecía ante mí el rostro angelical de Karina, como no tenía nada más que hacer decidí bañarme nuevamente para ver si conseguía despejarme y aclarar mis ideas, mis neuronas necesitaban un descanso, ya desnuda en la ducha abrí la llave del agua fría y metí la cabeza para enfriar mis pensamientos y renovar mi espíritu.

Regrese a mi habitación envuelta en mullidas toallas, sintiéndome mucho mejor que como había llegado a casa, ya más tranquila decidí pintarme y arreglarme un poco las uñas de los pies y depilarme las piernas, el ritual de belleza resulto purificador, me sentía con muchos ánimos y renovada por dentro, observe detalladamente mi reflejo en el espejo.

Me encontré con una mujer atractiva de piel apiñonada, con una corta melena castaña descansando sobre unos hombros delicados y unos enigmáticos ojos verdes, sonreí curada de mis molestias por mi propia vanidad, gire mi rostro varias veces observando mi mejor ángulo y mi nariz recta, y luego deslice mi mirada hacia el resto de mi cuerpo, sin ser exuberante tenía un cuerpo muy bien formado, muchas más curvas que mi vecina Karina !Demonios!, ahí estaba ella de nuevo ocupando un lugar en mi cabeza, la sacudí negando, tratando de exorcizar mis demonios, pero solo conseguí caminar como autómata hacia la ventana de mi habitación y enfocar la mirada hacia el cuarto de Karina, la luz apagada de su vivienda no me permitió descifrar nada.

Pasaron varias días hasta que volví a encontrarme con ella, esta vez en la puerta de mi casa de regreso del trabajo ya siendo de noche.

-Hola Liliana, bienvenida a casa-

-Gracias Karina y hola-

-Vamos mujer quita esa cara, no te me quedes mirando como si hubieses visto una aparición, ¿No vas a invitarme a pasar?-

-Yo...eeeh…si claro, adelante pasa Karina, lo siento vengo un poco distraída, ya sabes el trabajo…la ciudad…el estrés…uuuff-

Atine a decir sumamente nerviosa sin saber por que

-Descuide señorita ocupada ya es hora de descansar, ven relájate-

Me dijo Karina al mismo tiempo que me tomaba de la mano con dulzura y me jalaba al interior de mi vivienda.

Nos sentamos en mi pequeña salita, preparé algo ligero para cenar y disfrutamos de una charla larga y tendida, le conté de mis padres, de mi pueblo y de todo lo que había hecho desde que llegue a la capital, Karina me escucho con sumo interés, solamente interrumpiéndome para preguntar algo nuevo o agregar algo en busca de más detalles, sin sentirlo las horas se nos fueron y ella abandono mi casa a las 2 de la mañana, la acompañe hasta la puerta para despedirla.

-Mil gracias Liliana-

-Bueno gracias a ti Karina…por escucharme, solo espero no haberte aburrido de más-

-Descuida preciosa ha sido un enorme placer conocerte mucho mejor y saber tus anécdotas, ha sido una estupenda velada-

Intentaba esbozar una amplia y cálida sonrisa antes de responderle a mi nueva amiga, pero mi ademan fue detenido por ella de la manera más dulce, Karina poso sus besables labios sobre los míos, después de unos segundos se separo ante mi atónita mirada, me sonrió coqueta y se despidió.

No sé cuanto permanecí en el umbral de mi puerta, supongo más de media hora absorta en mi ensoñación, con los ojos abiertos pero sin mirar nada en especifico, hasta que una fresca briza me erizo los vellos de la nuca y de nueva cuenta desvié mi mirada hacia la habitación de ella buscándola sin resultado satisfactorio, otra vez su cuarto se hallaba sumido en la más completa oscuridad, supuse que ella estaba cansada y en cuanto entro a su cuarto se dispuso a dormir, lentamente regrese al mío y apague las luces pero ya se había encendido una chispa en mi interior.

Pasaron días, semanas y meses, Karina se había convertido en alguien especial e imprescindible en mi vida, era mi confidente no había secretos entre nosotras o al menos eso me parecía, yo no había averiguado gran cosa sobre ella, no quería preguntar al respecto pensando en que Karina me lo tomara a mal.

Por lo general nos reuníamos en mi casa por las noches entre semana cuando yo volvía del trabajo o por las mañanas los fines de semana, sin saber cómo ni cuándo, el cariño que sentía por ella al inicio de nuestra amistad se fue convirtiendo en admiración y finalmente completo su evolución cuando comprendí que estaba perdidamente enamorada de ella,

No sé que si ella sin quererlo o desearlo me fue hechizando con cada palabra pronunciada con aquella voz melancólica a ratos infantil otra veces potente y metálica, o si fue por sus gestos involuntarios o sus tiernos detalles para conmigo, no sé si habrá sido por aquellos oídos prestos a escucharme por horas ó a ese par de ojos que me envolvían suavemente perdiéndome en su mirada.

Algunas noches se me iba el sueño buscando culpables enumerando razones, ni yo misma podía explicar este sentimiento que me consumía, yo…yo no era una persona pasional y mucho menos lesbiana, yo era alguien de lucha constante y superación, un ser racional sin duda, si bien no había tenido muchos novios y del último ya hacía más de ocho años no era por que tuviese dudas sobre mis preferencias sexuales, no o al menos era lo que yo pensaba, mis años de soledad habían sido autoimpuestos en busca de un mejor futuro y de sobresalir, mi tiempo se había evaporado entre los textos de los libros o las actas de mi trabajo, ¿Cómo aquella creatura celestial, con una apariencia tan frágil, tan etérea, había sido capaz de mover de raíz los cimientos de mi ser?.

Por semanas pasaba días realmente muy malos, luchando con todas mis fuerzas por olvidar a Karina, protagonizando épicas batallas entre mi razón y el corazón, sin saber siquiera como podría exponerle mi situación, ¿Cómo podría confesarle mis sentimientos, como decirle que moría por ella, que me devoraba esta pasión malsana?, No, no era pensable siquiera, No debía haberme enamorado de ella y por consiguiente Karina jamás debería saber de este amor, llegaba rápido a casa evitando encontrármela en la puerta, desconectaba mi teléfono por si se le ocurría llamarme, apagaba las luces de mi casa pretendiendo que aun estaba en el trabajo, pero Karina era persistente y se negaba a salir de mi cabeza y de mi corazón.

Una fría noche otoñal de Octubre, cuando mis prejuicios y tabúes me mantenían acostada con los ojos bien abiertos, cuando mis sentimientos afloraban empeñándose en no dejarme dormir escuche que alguien tocaba a mi puerta suavemente, la casera era una señora mayor por lo que sin duda debía estar bien dormida a aquella hora, así que seguramente no podía ser alguien más que mi amada Karina.

Nerviosismo, miedo y sinsabor se mezclaron en mi alma, al mismo tiempo que una corriente de aire fresco me enchinaba la piel, instintivamente quería saltar a su encuentro y abrazarla, pero la Liliana pensante no hizo algo más creativo que taparse con todas las sabanas y cobijas de mi cama, como cuando era una niña pequeña y algo me asustaba y no moverme en lo absoluto, con el corazón desbocándose en mi pecho y casi sin respirar espere a que Karina se marchara.

Pasaron largos y angustiosos minutos y cuando había supuesto que ella se había marchado volvió a tocar la puerta, solo tres toques, esta vez más fuertes e imperativos, estaba perdida, no tenia escape alguno…Me levante lentamente jalando aire buscando serenarme, haciendo acopio de concentración, prendí la luz de mi cuarto para que ella notara que la había odio y me disponía a salir, me peine rápidamente mientras contemplaba mi rostro anhelante en el espejo pidiéndole a todos los dioses del cielo que ningún gesto fuera a delatarme, que nada en mi mirada suplicante le indicara que la amaba a morir, sintiéndome más serena me dispuse a salir a su encuentro.

-Hola Liliana, sabes no podía dormir y pensé que…-

Ahí se encontraba Karina con una Pijama blanca casi trasparente que dibujaba su bella lencería sobre el contorno de su cuerpo, por mi parte tría puesto un coqueto camisón, una pantie azul cielo y nada más, la admire unos segundos y le respondí con premura y algo de pesar.

-Buenas noches Karina, está bien pasa-

-No quería molestarte, se que mañana trabajas, no quisiera desvelarte pero… ¡Hey! ¿Sucede algo Liliana?, ¡Mira nada más que cara traes!, luces perdida angustiada, insegura…no sé, ¿Qué te aflige cielo, puedo ayudarte?-

Me respondió tímidamente al mismo tiempo que con coquetería y gracia traspasaba mi puerta entrando a mi vivienda.

Por mi parte me sentía fatal, lo primero que había pedido era que no se me notara lo que ella me producía, y sin embargo mi expresión era tan fácil de leer como un libro abierto, poniéndome de mil colores le respondí a mi bella Karina.

-Bueno…yo….no lo sé, creo que sería mejor no contarte nada al respecto- dije con melancolía

Karina me tomo de las manos con suma dulzura como solo ella sabía hacerlo y acercándose a mí me susurro casi al odio.

-¿Por qué dudas Liliana?, ¿De qué tienes miedo?-

No dijo más, simplemente busco mi boca con sus labios y volvimos a fundirnos en un tierno beso, el frio que sentía se disipo un poco con el calor de aquel beso que me trasporto al cielo y de regreso el breve instante que duro.

-¿Acaso no me amas como yo a ti Lili?, ¿Acaso piensas que no lo sé, cuando a mi me sucede exactamente lo mismo tontita?-

-Karina yo…-

Balbucee mientras sendas lagrimas escapaban de mis ojos, estaba tan emocionada, me sentía inmensamente feliz por aquella revelación, no podía creer en mi suerte y mi destino.

-¿Por qué lloras corazón?-

-Descuida amor…es de felicidad, yo…yo ya no podía ocultar ni enterrar lo que siento por ti Karina, solo sé que te amo-

Karina volvió a besarme con delicadeza primero y lentamente sus besos se fueron tornando más salvajes, más pasionales, mientras estábamos de pie juntando nuestras almas, yo correspondía a sus labios con el mismo fuego con el que me quemaban, sin embargo no me atrevía a nada más, me daba miedo y algo de pena estrecharla, apretarla, abrazarla y nunca más dejarla ir, pero ella era más decidida que yo y tomo mis manos para depositarlas con suavidad sobre su redondo trasero.

Después mi amada subió lentamente sus manos hasta tomarme de la cintura y atraerme hacia ella con fuerza, tratando de fundirnos en un solo ser para posteriormente recorrer mi espalda por debajo de mi camisón mientras nuestras lenguas peleaban frenéticamente por la posesión del aliento de la otra, luchaban por explorar más de la otra boca, la pasión que llevaba tanto tiempo guardada dentro de mí por fin exploto con un ímpetu arrollador y apreté sus nalgas con fuerza hasta casi clavarle mis uñas.

Mi amante respondió a mis torpes caricias con jadeos y una pasión renovada, hábilmente deslizo sus manos hasta lograr conseguir que mi camisón se posara en el suelo y dejara al descubierto mis pechos vibrantes, los cuales inmediatamente recibieron la atención y cuidado de sus tersas manos al ser apretados con lujuria primero y después ella tomo mis pezones y los estiro provocándome un dolor agudo mezclado con excitación extrema, Karina se encargaba de masajear mis chupones mientras yo deslizaba la parte de debajo de su pijama hacia el piso, una vez logrado mi objetivo mis manos volvieron a las redondeces de mi amada para repetir la misma acción con su lencería.

Los besos y los toqueteos se prolongaron por más de media hora, hasta que caminando juntas de la mano y completamente desnudas entramos a mi habitación dispuestas a entregarnos al más delirante y desbordante placer que nuestra pasión nos prometía.

Lentamente ella me deposito sobre la cama, su cabello alborotado, su hermoso y frágil cuerpo, su perfume embriagador me hicieron perder conciencia del tiempo y del espacio, Karina abrió mis piernas muy lentamente acrecentando mi deseo hasta que finalmente aquella lengua celestial que minutos antes me había comido a besos la boca se posaba en mi depilada vagina.

Ella se acerco aún más si esto era posible y con conocimiento y delicadez comenzó a lamer mis labios, abriendo mi rajita que ya muy húmeda la esperaba ansiosa, sentir su lengua deslizarse dentro de mi cavidad me provoco que cientos de descargas eléctricas recorrieran mi cuerpo y agudizaran mis sentidos a niveles nunca antes conocidos pero cuando ella mordió gentilmente mi clítoris supe que había experimentado el placer máximo y supremo que un ser mortal puede experimentar, se rompieron puertas y limites y goce de sensaciones que ni siquiera sabía que existían.

Mi Princesa continuo comiéndose mi suculenta raja, la cual ya manaba copiosamente de mis jugos, no podía contener los gemidos, ni los gritos que ella me producía, aunque francamente si la casera nos escuchaba francamente no me importaba, ya nada existía solo mi Karina, ni siquiera yo existía pues ella se había adueñado de mi cuerpo, de mi alma y de mi ser, si, por fin lo aceptaba y descubría, yo era suya, yo le pertenecía.

La jale de los cabellos cuando sin previo aviso mi chica deslizo dos de sus dedos en mi cueva, el placer era indescriptible y con su boca pegada en mi vagina alcance el primer orgasmo de mi vida, fue algo brutal, incontenible pero ella se enardeció aún más por ese hecho y me lamio con mayor rapidez, tragándose el fuerte néctar que brotaba de mi interior.

Sentí desvanecerme, cayendo en esa vorágine de deseo hacia el Nirvana, mi dulce Karina levanto su carita angelical manchada de mis fluidos y lentamente se fue arrastrando hasta que nuestras bocas se encontraron de nuevo, como una especie de pausa para que me recuperara mi amante dedicaba su tiempo a besarme lentamente, entremezclados saliva y mis jugos devore su boquita hambrienta, a ratos ella me daba largos lengüetazos por todo el rostro, otras tiernos besos en los parpados o me cuello y de nueva cuenta nuestras lenguas se encontraban luchando sin descanso.

Sus casi infantiles pechos se frotaban con los míos, mis manos hacían veredas recorriendo la suavidad de su piel deslizándose por su espalda, finalmente la volví a tomar de sus nalgas, y atrayéndola lo más que pude hacia mí conseguí que nuestros sexos se frotaran provocándome una sacudida por toda la medula espinal.

Mi coqueta Karina esbozo una sonrisa de aprobación y lentamente abrió mis piernas empapadas por mi sexo con las suyas, era una delicia y un tormento sentir sus muslos sedosos contra los míos, instintivamente comencé a jadear nuevamente, ella acerco lentamente su sexo contra el mío y así ambas abiertas en tijera comenzamos a frotar nuestros clítoris con un ritmo y frenesís salvaje.

Un placer indescriptible se apodero de mi al sentir su sexo pegado al mío, nuestros labios vaginales se entrelazaban simulando besarse, de vez en cuando mi clítoris henchido parecía estallar con el roce del clítoris de mi dueña, las dos jadeábamos como posesas hasta que finalmente la magia nos ilumino de nuevo, y mi pasional Karina y yo nos corrimos juntas en perfecta comunión de cuerpos y mentes, para finalmente quedar así fuertemente abrazadas con nuestras vaginas chorreantes de lujuria y yo dándole tiernos besos en el cuello, mientras ella se esforzaba por recuperar un poco el control y el aliento.

La noche se nos fue como agua entre los dedos, a cada momento recorríamos los senderos del amor explorando y explotando nuevas sensaciones, ni siquiera recuerdo cuando fue que nos detuvimos y nos quedamos dormidas en mi lecho, más al despertar al estirar mis manos buscando su cuerpo, mis dedos solo encontraron el vacio de su ausencia, Karina se había marchado dejándome en sosiego.

Ese fue el inicio de un amor mágico y maravilloso, lleno de una entrega total y una pasión incontrolable, du sueños compartidos y de bellos y románticos momentos, pero el vivieron felices para siempre parecía no existía en nuestro cuento, una oscura nube ensombrecía se perfilaba en nuestro futuro y empañaba nuestro idilio, pese que para mí no existía nada ni nadie más que mi amada Karina, sabía muy bien que lo nuestro era prohibido, entendía que sería casi imposible concretar nuestro amor, no podía cantar a los cuatro vientos la enorme dicha que rebosaba mi corazón ni podía compartir con nadie el nombre de mi amada.

Varias veces traté de exponerles la situación a mis padres, una vez que fui a visitarlos a casa y otras más por teléfono, pero la solo posible insinuación de que su única hija fuera lesbiana enloquecía a Mama y ponía a mi padre de un humor negro por días, derrotada e impotente desistí de esa idea, por fortuna Karina siempre estaba a mi lado para hacerme olvidar los tragos amargos.

-¿De nueva cuenta se negaron a escucharte verdad cielo?, les aterra la idea que su pequeña bebita resulte rara ¿no?-

-Compréndelos amor, ya son mayores y tienen otro tipo de ideas, no es…no es su culpa-

-Se que son tus padres Liliana, pero debes entender que ellos no vivirán por siempre, ¿Y que harás cuando te falten, vivirás sola?, debes pensar en ti amor mío, en tu futuro, en tu felicidad… ¡En nosotras!-

-Sabes muy bien que te amo Karina, lo has sabido siempre-

-Si mi vida, pero ya no quiero mantenerme en las sombras, ya no quiero ocultar esto que siento por ti, quiero amarte con libertad ¡Vayámonos a otro sitio Liliana, a otra ciudad a otro país!…déjame llevarte a un paraíso donde nada ni nadie pueda enturbiar nuestra dicha, donde nadie nos señale corazón-

-Pe…pero yo…no se a donde ir, ¿De qué viviremos, que vamos a hacer?...Yo…-

-¿Por qué dudas Liliana?, ¿De qué tienes miedo?¿Acaso no me amas como yo a ti Lili?,

Karina repitió la misma frase que hace un año en nuestro primer encuentro sexual, el día que inicio nuestro noviazgo, aquello simplemente me derritió y acabo con mis dudas, con el corazón a flor de piel y una esperanza renovada le dije

-Ya no dudo Karina te tengo a ti, llévame contigo-


Le dije al mismo tiempo que me acerco a ella seductora besándole los parpados y tomándola de las manos… Acaricie sus delicadas mejillas previo a besar sus turgentes labios que me invitan al paraíso, mi dulce y tierna Karina no decía nada tan solo cerraba sus parpados y respiraba entrecortadamente, dibujándose en su rostro perfecto un gesto angelical, sereno, lleno de calma y a la vez de pasión desbordante, lentamente mis dientes se prenden de su labio inferior y nuestros jadeos se funden en un solo aliento...



La tranquilidad de esa fría mañana de Octubre se vio interrumpida por el incesante ulular proveniente de ambulancias y patrullas que alborotaban la paz de la calle donde se ubicaba una vieja casona colonial, la llamada de una muy alterada anciana había puesto en ejecución los servicios periciales y forenses capitalinos.

-¿Y dígame Señora, siendo usted la conserje vive aquí en la habitación de la entrada, la victima solía meter gente extraña, novios, amigos, alguien a quien se le pueda relacionar con el asesinato?-

Pregunto muy serio el Sargento González a la anciana conserje que se encontraba desecha por el llanto

-¡Dios mío la pobrecita fue asesinada, qué horror!-

Respondió Soledad volvió a entrar a otra cris nerviosa y moviéndose angustiada.

-Tranquila señora aún no lo sabemos pero no podemos descartar nada, tranquila, nos será de mucha ayuda si se calma y contesta las preguntas del Sargento-

Se apresuro a abrazarla y susurrarle la policía Padilla, en un gesto fraternal y solidario.

-No, no, La señorita Liliana siempre fue muy tranquila y reservada, jamás metió a gente extraña en estos 5 años, ahora que lo recuerdo nunca le conocí un novio-

-¿Hay otros inquilinos a quienes preguntarles señora?-

-No Sargento, la Señorita Liliana y yo vivíamos solas aquí desde hace 5 años, nadie más ha rentado otro apartamento hace tiempo-

Respondió la vieja entre hipos y limpiándose la nariz tratando de calmarse un poco, 2 horas más tardes la Policía Padilla y el Sargento González contemplaban el desnudo cuerpo de Liliana quien lucía una expresión serena y un ligera sonrisa en su rostro, como si su paso al otro mundo no hubiese sido algo desagradable, la muerte no la había afeado todavía, su piel parecía aun tersa y fresca, ella estaba acostada, con algunas sabanas cubriéndole el cuerpo, los servicios forenses aun no la habían preparado para llevársela.

-Es una lástima Sargento, era una mujer muy joven y bella-

Comento afligida la mujer policía al contemplar la recamara donde yacía sin vida Liliana.

-Todo esto es tan extraño Padilla, en mis 20 años en la corporación jamás había visto algo así, mire usted no hay huellas ni rastros de violencia alguna, ahí están sus objetos personales y de valor no le han robado nada, obsérvela bien; no hay sangre ni heridas por ningún lado y su piel…no luce ningún síntoma de intoxicación o envenenamiento, pero lo que más me intriga es la expresión de su rostro, mírela bien Padilla…es como si al fin hubiera encontrado lo que buscaba…-

Respondió el Sargento González sin percatarse de la presencia de la vieja conserje en la habitación del crimen, quien agrego antes de salir desconsolada sin poder contener las lágrimas

-Yo creo que la señorita Liliana murió de soledad…-







May it be an evening star shines down upon you…

3 comentarios:

perruco dijo...

En "Las Intermitencias de la Muerte " de Saramago,la muerte , como un ser, hace acciones que alteran la vida hasta que se enamora, alli pierde...como escribes, el amor lo vence todo, aun la muerte..esplendido, felicidades..

perruco dijo...

te recomiendo un libro:
http://www.letraslibres.com/index.php?art=12911

Anónimo dijo...

Ya que parece ser este un espacio para recomendaciones... ¿Te recomiendo algo?

(La gracia de un comentario es que no puedo leer la respuesta, así que asumo que has movido tu carita verticalmente de arriba hacia abajo varias veces de manera afirmativa)

OK!

No pienses en nada, sólo deja que este momento brote.
Pierde tus ojos en los míos, o en mi pelo, o en mi nariz o en mis sienes.
Inspira un par de veces, relaja los músculos de tu rostro, entrecierra esos ojitos soñadores y deja tu apetecible boca a mi alcance...

Siente cómo la delicadeza de mis labios te roza, te humedece, te envuelve, te invade y te posee.
Siente cómo ya no es sólo el deseo, ni la pasión, ni la rabia, ni la tristeza, ni ese dolor que desgarra el alma... ni siquiera la muerte.
Siente la eternidad... en un suspiro.
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Gracias por el beso... Lo necesitaba.